
Cierro los ojos y empiezo a sentir el salado perfume del mar, escucho como la espuma contrae matrimonio con la fina arena, como el sol deposita inesperadamente todo su peso sobre mi blanca piel, el murmullo de la brisa, mis pies y manos horadando la arena en busca del centro del universo, la humedad de un beso, las risas compartidas con un helado de diez mil bolas, mi cuerpo bajo el agua y mi alma volando por el despejado cielo.
Abro los ojos y compruebo que todavía no he acabado la carta al cliente, que me quedan un montón de papeles por revisar encima de la mesa y que el reloj parece haberse detenido en las doce y veinte.
Llámame masoca pero tengo ya unas ganas enormes de sufrir dentro de un mes el síndrome post-vacacional.

Ains que ganas tengo de que estemos sentados en esas sillas de "agüelillos" tapandonos los pies con la arena y escuchando las olas del mar, va a ser ESTUPENDO!!!!!
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