

Un millonario promueve una fiesta en una de sus mansiones, y en un determinado momento, pide silencio, la música para y dice, mirando hacia la piscina donde criaba cocodrilos australianos:
-El que logre cruzarla y salir vivo al otro lado, ganará todos mis coches ¿Alguien se atreve?
Espantados, los invitados permanecen en silencio y el millonario insiste:
-El que se lance a la piscina, logre cruzarla y salir vivo al otro lado, ganará todos mis coches y mis aviones…. ¿Alguien se atreve?
El silencio impera y una vez más ofrece:
-El que se lance a la piscina, logre cruzarla y salir vivo al otro lado, ganará todos mis coches, mis aviones y mis mansiones.
En ese momento, alguien salta a la piscina. La escena es impresionante: Una lucha intensa, el hombre se defiende como puede, agarra la boca de los cocodrilos con pies y manos, tuerce la cola de los reptiles……
Después de algunos minutos de terror y pánico, sale el valiente hombre, lleno de arañazos, moratones y casi muerto.
El millonario se aproxima, lo felicita y pregunta:
-¿Dónde quiere que le entregue los coches?
-Gracias pero no quiero sus coches
Sorprendido el millonario pregunta:
-Los aviones, ¿Dónde quiere que se los entregue?
-Gracias, pero no quiero sus aviones
Extrañado por la reacción del hombre, el millonario pregunta:
-Y ¿las mansiones?
-Yo tengo una bella casa, no necesito de las suyas, puede quedarse con ellas….. no quiero nada que sea suyo
Impresionado el millonario pregunta:
-Pero si Ud. No quiere nada de lo ofrecido, entonces…¿qué es lo que quiere?
Y el hombre le respondió muy irritado:
-¡Encontrar al hijo de la gran puta que me empujó a la piscina!
Encontré este chiste surfeando por la red después de que casualmente el día anterior hubiera tenido una amena conversación sobre mi reciente pasado y haber escuchado unos cuantos “tontitos” ;-), De este chiste se podría sacar una conclusión, una especie de moraleja y es que somos capaces de realizar muchas cosas que a veces nosotros mismos ni creemos, por eso necesitamos un empujoncito en ciertos casos. Hasta alguna hija de puta es útil en nuestra vida, encontrarnos con algún ser así es parte de nuestro destino por lo que debemos de saber convivir con ellos.
Gracias al empujoncito cambié del vagón oscuro, viejo y nauseabundo en el que viajaba e inesperadamente me encontré con que en el siguiente vagón se encontraban juntas las personas que desde que empezó mi trayecto siempre habían estado conmigo y otras nuevas con las que me he sentido y me siento como si igualmente me hubiesen estado acompañando desde que mi viaje comenzara hace ya 41 años: Almudena, Carlota, Isidro, Mari Luz, Pepa, Ricardo, Sergio, Raul, Juan Antonio, Manoli, Maria, Oscar, Ana, Alvaro, Samuel.
Ahora viajo en un vagón alegre, joven, con luz, muchísima luz, colorido, un vagón tibio, donde se respira el calor de los que son como yo, buena gente, amantes de la sinceridad, de la risa, de la alegría, de la familia, de la navidad, de los detalles, de la amistad, del buen rollo, donde hay espacio para toda aquella persona que aporte algo positivo pero en el que las puertas y ventanas del mismo están cerradas a la falsedad, al egocentrismo, a la mezquindad y a los corazones negros de los que todo el mundo huye y nada más quieren volver a saber dejándolos abandonados a su triste destino.
Todos mis acompañantes no lo saben aún, pero entre todos me ayudaron a soltar de mi tren ese absurdo y podrido vagón que quedó parado en una vía muerta de un lúgubre paraje donde sólo crece mala hierba, donde ya no puede hacer daño ni a mi ni a los míos, mientras yo continuo camino en mi tren, sin tanto peso, donde va la gente con la que quiero viajar y con la que quiere viajar conmigo, atravesando montañas de ilusión y pequeños túneles donde al final siempre hay luz.
Me encanta la Navidad, y este año por fin vuelvo a vivirla con plena intensidad, 14 almas embelesados con Cortylandia, un tentempié en Casa Labra, un paseo de la mano por la Plaza Mayor, un sabroso bocadillo de calamares, pelucas de sonrisas para cabezas de espíritu joven y preciosas princesas, un café con dos cucharaditas de buena compañía y cortado con templada alegría, una fugaz visita al Palacio Real en tonos rojizos, un viejo espectáculo callejero, un templacuerpos en forma de chocolate con churros en San Gines, un paseo por el renovado Sol, la iluminada Gran Vía y el maravilloso Paseo del Prado, un día en un navideño Warner con estupendas personas, una foto para el recuerdo, la celebración del cumpleaños de un compañero de armas en una acogedora casa llena de buena gente, luces y adornos navideños, un décimo terminado en 94, una sorpresa en forma de Papa Noel para las Princesas y Príncipes de la Navidad, una nochebuena familiar sin añadidos indeseables, sentirme nuevamente joven, incluso a veces volver a sentirme un niño, disfrutar con mis chicas adornando ya no sólo la casa sino nuestras vidas, recibir felicitaciones, volver a felicitar, volver a saber de gente a la que jamás olvidé pero de las que me ausenté, alegrarme al saber que me perdonaban y entendían esa ausencia, volver a dialogar, volver a reír, no sentir frío aunque estemos bajo cero, una navidad de nieve, de gestos, de caricias, de ilusión, de amor.
Acaba ya el 2009 y va siendo hora de hacer balance del mismo y la balanza se inclina sin duda alguna hacia el lado positivo, ha sido el 2009 un año muy duro pero del que he salido reforzado, del que de todo lo malo he aprendido, un año de importantes decisiones, de esperanza, de reencuentros, de conocimiento, de plenitud, para hacer un símil muy resumido podría decir que el 2009 es una antigua película de Disney: un argumento triste con un maravilloso y feliz final.
La Navidad al igual que la normalidad y la estabilidad vuelven a instalarse en mi vida, despierto suavemente las ilusiones que tenía desde hace tiempo tristemente aletargadas, hago cosquillas al alma, susurro versos a la vida y suspiro cálidamente al corazón.
-El que logre cruzarla y salir vivo al otro lado, ganará todos mis coches ¿Alguien se atreve?
Espantados, los invitados permanecen en silencio y el millonario insiste:
-El que se lance a la piscina, logre cruzarla y salir vivo al otro lado, ganará todos mis coches y mis aviones…. ¿Alguien se atreve?
El silencio impera y una vez más ofrece:
-El que se lance a la piscina, logre cruzarla y salir vivo al otro lado, ganará todos mis coches, mis aviones y mis mansiones.
En ese momento, alguien salta a la piscina. La escena es impresionante: Una lucha intensa, el hombre se defiende como puede, agarra la boca de los cocodrilos con pies y manos, tuerce la cola de los reptiles……
Después de algunos minutos de terror y pánico, sale el valiente hombre, lleno de arañazos, moratones y casi muerto.
El millonario se aproxima, lo felicita y pregunta:
-¿Dónde quiere que le entregue los coches?
-Gracias pero no quiero sus coches
Sorprendido el millonario pregunta:
-Los aviones, ¿Dónde quiere que se los entregue?
-Gracias, pero no quiero sus aviones
Extrañado por la reacción del hombre, el millonario pregunta:
-Y ¿las mansiones?
-Yo tengo una bella casa, no necesito de las suyas, puede quedarse con ellas….. no quiero nada que sea suyo
Impresionado el millonario pregunta:
-Pero si Ud. No quiere nada de lo ofrecido, entonces…¿qué es lo que quiere?
Y el hombre le respondió muy irritado:
-¡Encontrar al hijo de la gran puta que me empujó a la piscina!
Encontré este chiste surfeando por la red después de que casualmente el día anterior hubiera tenido una amena conversación sobre mi reciente pasado y haber escuchado unos cuantos “tontitos” ;-), De este chiste se podría sacar una conclusión, una especie de moraleja y es que somos capaces de realizar muchas cosas que a veces nosotros mismos ni creemos, por eso necesitamos un empujoncito en ciertos casos. Hasta alguna hija de puta es útil en nuestra vida, encontrarnos con algún ser así es parte de nuestro destino por lo que debemos de saber convivir con ellos.
Gracias al empujoncito cambié del vagón oscuro, viejo y nauseabundo en el que viajaba e inesperadamente me encontré con que en el siguiente vagón se encontraban juntas las personas que desde que empezó mi trayecto siempre habían estado conmigo y otras nuevas con las que me he sentido y me siento como si igualmente me hubiesen estado acompañando desde que mi viaje comenzara hace ya 41 años: Almudena, Carlota, Isidro, Mari Luz, Pepa, Ricardo, Sergio, Raul, Juan Antonio, Manoli, Maria, Oscar, Ana, Alvaro, Samuel.
Ahora viajo en un vagón alegre, joven, con luz, muchísima luz, colorido, un vagón tibio, donde se respira el calor de los que son como yo, buena gente, amantes de la sinceridad, de la risa, de la alegría, de la familia, de la navidad, de los detalles, de la amistad, del buen rollo, donde hay espacio para toda aquella persona que aporte algo positivo pero en el que las puertas y ventanas del mismo están cerradas a la falsedad, al egocentrismo, a la mezquindad y a los corazones negros de los que todo el mundo huye y nada más quieren volver a saber dejándolos abandonados a su triste destino.
Todos mis acompañantes no lo saben aún, pero entre todos me ayudaron a soltar de mi tren ese absurdo y podrido vagón que quedó parado en una vía muerta de un lúgubre paraje donde sólo crece mala hierba, donde ya no puede hacer daño ni a mi ni a los míos, mientras yo continuo camino en mi tren, sin tanto peso, donde va la gente con la que quiero viajar y con la que quiere viajar conmigo, atravesando montañas de ilusión y pequeños túneles donde al final siempre hay luz.
Me encanta la Navidad, y este año por fin vuelvo a vivirla con plena intensidad, 14 almas embelesados con Cortylandia, un tentempié en Casa Labra, un paseo de la mano por la Plaza Mayor, un sabroso bocadillo de calamares, pelucas de sonrisas para cabezas de espíritu joven y preciosas princesas, un café con dos cucharaditas de buena compañía y cortado con templada alegría, una fugaz visita al Palacio Real en tonos rojizos, un viejo espectáculo callejero, un templacuerpos en forma de chocolate con churros en San Gines, un paseo por el renovado Sol, la iluminada Gran Vía y el maravilloso Paseo del Prado, un día en un navideño Warner con estupendas personas, una foto para el recuerdo, la celebración del cumpleaños de un compañero de armas en una acogedora casa llena de buena gente, luces y adornos navideños, un décimo terminado en 94, una sorpresa en forma de Papa Noel para las Princesas y Príncipes de la Navidad, una nochebuena familiar sin añadidos indeseables, sentirme nuevamente joven, incluso a veces volver a sentirme un niño, disfrutar con mis chicas adornando ya no sólo la casa sino nuestras vidas, recibir felicitaciones, volver a felicitar, volver a saber de gente a la que jamás olvidé pero de las que me ausenté, alegrarme al saber que me perdonaban y entendían esa ausencia, volver a dialogar, volver a reír, no sentir frío aunque estemos bajo cero, una navidad de nieve, de gestos, de caricias, de ilusión, de amor.
Acaba ya el 2009 y va siendo hora de hacer balance del mismo y la balanza se inclina sin duda alguna hacia el lado positivo, ha sido el 2009 un año muy duro pero del que he salido reforzado, del que de todo lo malo he aprendido, un año de importantes decisiones, de esperanza, de reencuentros, de conocimiento, de plenitud, para hacer un símil muy resumido podría decir que el 2009 es una antigua película de Disney: un argumento triste con un maravilloso y feliz final.
La Navidad al igual que la normalidad y la estabilidad vuelven a instalarse en mi vida, despierto suavemente las ilusiones que tenía desde hace tiempo tristemente aletargadas, hago cosquillas al alma, susurro versos a la vida y suspiro cálidamente al corazón.
!!! FELIZ NAVIDAD ´09 !!!
