
Hoy que me he levantado tremendamente optimista voy a esforzarme para hablar sobre el pesimismo ¡!que mejor día!! y es que a veces el camino se hace un poco cuesta arriba y entran ganas de tirar la toalla, rendirte y mandar a alguien allá donde la espalda pierde su casto nombre. Atravesamos tiempos difíciles en los que a veces caminamos demasiado tiempo con el ceño fruncido, con cara de acelga como diría Alma, suspirando huracanes y con la cabeza llena de inquietudes de las que nos preocupamos pero no nos ocupamos.
Creo que el secreto consiste en que cuando llegan esos momentos no debemos pararnos, hay que continuar caminando hacia delante, paso a paso pero nunca parar, si acaso para tomar aire y seguir pero jamás para abandonar. Si parase me quedaría frío, me agarrotaría y me parecería más difícil que antes seguir caminando, tendría tentaciones de tumbarme en el camino, de esconderme o quizá aparecería el ansia de llegar al siguiente trecho del camino de una sola zancada, perdiéndome la posibilidad de admirar con detalle el sendero por el que camino, la posibilidad de aprender día a día un poquito más.
A veces nuestras nimias preocupaciones ocultan en su sombra la inmensa suerte que tenemos de amar y ser amados en todas sus conjugaciones verbales, de cultivar un hogar, de disfrutar de las conversaciones, de las risas y de las sonrisas e incluso de los silencios. Somos pequeños cómplices pero grandes encubridores de quien sabe apreciar lo que merece la pena. Es agradable saber que uno nunca pierde la capacidad de sorprender y de que nos sorprendan y que el uso y disfrute de los pequeños detalles está sólo en posesión de quien los amamanta con cariño.
