No me prometas la luna porque las palabras son inestables como el viento que las lleva hacia el olvido. Lo único que quiero es que vengas silenciosa y te sientes aquí conmigo, bajo su luz, para contemplarla.
Quería regalarte esto por que me dices que la luna está triste, por que hoy es un día muy especial, por que ayer nació otro hijo de la primavera, por que tu eres así y por que yo quiero.
Por mi vida han pasado mujeres a las que he dedicado años cuando ni siquiera se merecieron que les dedicase días, a las que hamé, si, así con “h”, por que fue un error. He tenido que esperar más de cuarenta años para conocer a la mujer con la que quiero disfrutar mi vida, a la mujer a quien me entrego sin temor, a la que ofrezco para siempre un gran pedazo de mi alma, la mujer que refleja mi alegría y la personificación de la sensatez, la sencillez y la cordura.
Es posible que nunca te haya dado las gracias como te mereces por permitirme nadar en tu corazón, por querer viajar junto a mi y ser mi compañera de vida, pero es que quizá “gracias” sea una palabra escasa para expresar todo lo que quisiera transmitirte. Desearía inventar a tu lado un idioma con el que expresar lo mucho que te quiero.
Mientras tanto..... ¡Gracias por 43 años de existencia!
Nací un viernes 13 de diciembre pero de esto ya hace mucho, mucho tiempo y no me acuerdo muy bien. Mi tallo, mis hojas y mis frutos son madrileños pero mis raices son del Reino de León. He perdido mi flor que era la que me sustentaba pero estoy en su busca. Pertenezco a esa generación que se crió y en cierta parte se educó jugando en la calle, que pasó su adolescencia sin necesidad de un teléfono móvil o un portátil, aprendió a jugar al mus en la Universidad, que hizo la mili, tuvo dos o tres novias, sufrió de amores y que con el paso del tiempo ha dejado muchas cosas buenas en la cuneta.