Esto me recuerda a que las cosas no se dicen, se hacen, porque haciéndolas se dicen solas. Hasta hoy he intentado no caer en el vacío de decir las cosas y no hacerlas. Escucho atentamente lo que me dicen mis acciones y de momento no pongo mucho empeño en preocuparme de lo que otras personas puedan escuchar de las mismas por que hago lo que siento, hago lo que mi cabeza, mis sentimientos, mi corazón, mi alma, mi propio yo dicta en cada momento encontrandome de tal forma a gusto conmigo mismo, sin caer en triunfalismos ni exacerbados pensamientos de éxito que podrian volverse en mi contra pero tampoco obviando que la consecucion de mis pequeños pasos es gracias a mi esfuerzo a mi absoluta, firme, convencida feliz e irrevocable decisión que me ayuda día a día a que la carga sea menos pesada. Se lo que quiero y como lo quiero, me lo expreso a mi mismo y convierto en acciones mis pensamiento. Es indescriptiblemente mejor cuando a las preocupaciones se les dedica el tiempo que cada una de ellas necesita, nunca menos pero tampoco, como era tan habitual en mi, más, mucho, mucho más. No negaré que a veces se convierte en un trabajo arduo, pues es imposible conseguir en poco tiempo aquello que con el paso del tiempo e imperceptiblemente se ha ido consolidando pero la consecución paciente del objetivo supone tal subida de autoestima que incita a afrontar de cara los cambios, las preocupaciones, los problemas pero también a disfrutar de las alegrías, a disfrutar de esos pequeños detalles que la vida nos ofrece día a día, en definitiva a afrontar la vida para vivirla. Vivirla y sobre todo..... Sentirla.
lunes, 20 de mayo de 2013
PREOCUPACIONES
Un psicólogo en una sesión grupal levantó un vaso de agua, todo el mundo esperaba la típica pregunta: ¿Está medio lleno o medio vacío? Sin embargo, preguntó: - ¿Cuánto pesa este vaso? Las respuestas variaron entre 200 y 250 gramos. El psicólogo respondió: “El peso absoluto no es importante, depende de cuánto tiempo lo sostengo. Si lo sostengo 1 minuto, no es problema, si lo sostengo una hora, me dolerá el brazo, si lo sostengo 1 día, mi brazo se entumecerá y paralizará. El peso del vaso no cambia, pero cuanto más tiempo lo sujeto, más pesado, más difícil de soportar se vuelve.” Y continuó: “Las preocupaciones son como el vaso de agua. Si piensas en ellas un rato, no pasa nada. Si piensas un poco más empiezan a doler y si piensas en ellas todo el día, acabas sintiéndote paralizado, incapaz de hacer nada.
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